Hace 3 días que fui a un espectáculo llamado "Fuerza Bruta", 100% recomendable si me preguntan, un tipo teatro, performance con un toque apenas perceptible de rave es lo que ofrece Fuerza Bruta a quienes decidimos ir a pasar 90 minutos de nuestras vidas dentro de una bodega en donde todo pierde pies y cabeza. Un espacio cerrado que se abre y en el que figuras aéreas, agua que flota y música sin control son los principales actores. Definitivamente no es el espectáculo que toda la Argentina esperaba, aunque se le hace marketing como que es lo que "el mundo" quería, sin embargo creo que los AR$75 que cuesta valen la pena solamente por ser "lo que muchos necesitamos"...
Hace varios años que no me permitía ser parte de "la masa", ese lugar en medio de la gente pero al mismo tiempo en medio de la nada en donde el instinto primitivo de una persona sale a la luz, ese mismo instinto que mitigamos durante años, que aprendemos a controlar y que algunos consideran lo que nos hace "personas" y que pocos conocen debido a cánones sociales y poses que debemos de mantener. Conocemos lo que es correcto, la forma en que debemos de comportarnos, las palabras que debemos decir en cada situación, en cada entrada nueva, en cada comentario y en cada frase que utilizamos y sin embargo muy pocos conocen esa parte natural de cada uno, ese ser que vive debajo de todas esas capas de piel y de disfraces que día a día vamos creando para agradar no solo a los demás sino a nosotros mismos sin reparar que siendo naturales es como agradamos a esa energía, dios, creador, llámenle como quieran llamarlo, no es el punto. Siendo sincero algo muy dentro de mi deseaba que en esos últimos minutos la concurrencia iniciara una bacanal digna de Griegos antiguos, que el mundo dejara de ser el que conocemos, que el reloj se parara y que el lugar en el que estaba fuese solo un bar en la tierra de Oz, en la ciudad de Shiz (si saben a lo que me refiero).
Afortunadamente las cosas no son como en lo más profundo de nuestras mentes retorcidas, el agua dejó de correr, las luces se encendieron, pude darme cuenta de cómo la gente comenzaba a convertirse una vez más en un grupo de personas. Algunos secos lejos del centro, simples espectadores, otros al centro chorreando agua (a pesar de los 3°C afuera), orgullosos mostrando en la humedad de nuestra ropa una prueba de que fuimos parte de esa "masa" que por 80 minutos fue quitando capas de materia orgánica y durante 600 segundos se permitió esa libertad y esa falta de conciencia que a veces es tan necesaria como salir a respirar después de sumergir la cara en el agua.
Cada uno salió del espacio en el que nos vimos realmente y cada cual buscó su camino de vuelta a casa, al calor de lo conocido. En lo personal tomé mi lastre y me lo fui colocando capa por capa hasta volver a convertirme en el que ustedes conocen, en Gigio el amigo, Rodrigo el novio, hijo y hermano, el Dr. Jorge Rodrigo Vásquez Ríos; pero por un momento recordé quién soy y a partir de eso, una vez más, he logrado redefinirme...
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