Y todo comienza con un grano de arena, cada universo, realidad, espacio, tiempo, visión y al igual que aquel que la nombró nuevamente a cada momento recibimos un grano de arena resplandeciente lleno de posibilidades. Esa minúscula partícula de infinita capacidad de expansión depende de nuestros anhelos de lo que deseamos pero más importante que eso depende de qué tanto confiamos en nosotros mismos para llegar a aquel lugar, en la certeza de poder llevar a cabo la empresa, del valor de no claudicar ante la desesperanza, la tristeza y la adversidad. Hoy lo he recordado junto con toda una gama de imágenes de mi niñez: nombres, lugares, escenas, sonrisas e incluso temores que volvieron a tener un lugar en mi. Estoy decidido a comenzar a desear una vez más, a perseguir esos sueños sin fijarme si tienen o no realidad dentro de la particularidad de los otros, quiero más! Me rehuso a ser como aquel que por tristeza se deja atrapar por el pantano. Hay que darle vida a la nuestra y es menester de cada uno lograr ese cometido, no podemos dejarnos llevar, hay que luchar contra corriente, subir la cuesta y volver a bajar si es necesario o si lo creemos pertinente. Quiero volver a soñar e imaginar mundos a mi manera, pintarlos de colores tan variados que no tengan nombre aún, llenar los espacios de sonidos que solamente yo entienda pero que pueda transmitir a los demás para que sepan que existo, que ahí estoy y combinarlo con otros tantos que me enriquezcan.
Y parece tan ínfimo que todo inicie con un solo grano de arena, una luz apenas perceptible en medio de la oscuridad que incluso podría causar temor en aquellos que no conocer sus anhelos, en quienes han perdido la esperanza y tienen puesta su fe en que deben seguir un camino impuesto. En mi mundo no hay tal, no hay caminos trazados, es vasto e irregular con espinas y pendientes, los bordes de las rocas son agudos y el terreno es inhóspito, algo desconocido pero que a la vez forma un ambiente con tantas posibilidades como pueda recrear en mi mente y mi conciencia. Me rehuso a un camino previamente diseñado, no quiero seguir los pasos de nadie porque cada uno que yo doy es nuevo para mi y las posibilidades son infinitas con cada marcha que inicio así que vamos... Hoy empiezo a soñar nuevamente, hoy es, hoy soy y hoy inicio...
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Atrapado pero vivo
¿Qué hacer cuando te encuentras atrapado, literalmente atrapado, en un departamento con toda tu familia? Volteas a ver la cara de aquellos a quienes más te interesa proteger en este mundo y no atinas a decir nada. Pretendes hacerles creer que todo va a estar bien, que el caos de fuera de esas cuatro paredes es solo momentáneo y todo se va a arreglar mientras que por dentro la desesperación comienza a hacer estragos en tu mente y tus ideas, se terminan las posibles soluciones que pudiste pensar al inicio, empiezas a reclamarte el tan osado "hubiera" como si unos minutos atrás no hubieses contemplado esa idea y la descartaras por no ser viable.
Hace una semana estuve en esa situación. Hoy me siento vivo!
Recuerdo vagamente como el agua caía a cántaros tal cual si el cielo estuviera enojado y quisiera hacernos recorda un pasaje bíblico, no encuentro otra comparación y tal vez he visto llover más pero no con tanta furia y de manera tan despreocupada de lo que pudiese ocurrir con los que estamos aquí abajo. El agua subía de a pocos sobre el suelo, de a muchos sería una mejor descripción, en unas horas el suelo se volvió un río. Los autos, parados aguardando su desgracia, dejaron el paso a los transportes acuáticos por donde se supone que deben correr las ruedas y no los motores de hélice. La alberca se generalizó por todo el lugar y ni las puertas ni las paredes pudieron contener el fuerza con la que entraba en los recintos que hemos construido para protegernos exactamente de ella. No había un solo lugar a donde correr, nadar? Bueno esa era otra opción si el riesgo era tomado porque bien dicen que "la lluvia su puede llevar todo" y dentro de ese todo estamos las personas. Fueron al menos dos días de intensa lluvia y a pesar de ello el agua escaseaba, el hambre iba llegando, el temor aumentaba y las prioridades cambiaban con tal rapidez que de un momento a otro a quienes les importaban los bienes materiales ahora solo pensaban en resguardo y quienes protegían sus pertenencias ahora protegían sus vidas.
No sé muy bien qué fue lo que hicimos esos dos días aunque tengo una imagen mental de mi hermano jugando al héroe entre las olas de las lanchas intentando ayudar lo más que podía, una foto panorámica de la destrucción que aumentaba, a mi pareja con la ropa mojada y la preocupación de ver mi cara desencajada, a mi madre y cuñada sacando fuerzas de donde solo las madres saben que las tienen y a mis niñas pasando el tiempo creyendo aquello de que todo iba a terminar pronto. Yo? Supongo que al menos esos dos primeros días fui como un animal enjaulado, estoy tan acostumbrado a mantener el control de lo que sucede a mi alrededor, a planear todo de manera tan puntual y a organizar mis acciones de forma tan específica que al verme acorralado sin otra opción que esperar lo único en lo que podía pensar es en que tan mal preparado estoy para un apocalipsis zombie, así como lo leen con todas las letras que le dan forma a esa frase tan estúpida y tan cierta a la vez.
Descubrí, en un largo ejercicio de introspección, que no estoy listo para dejar este mundo, que me preocupo más de lo que podría imaginarme en el bienestar de mi familia y que estoy tan arraigado a este mundo material que, si tal hubiera sido el caso extremo, de haber dejado de existir mi alma no podría trascender como se supone que debería. No estoy preparado en lo más mínimo para dar el paso siguiente a lo que conozco como vida, sé algo de teología, he estudiado los principios de varias religiones, participé a fondo en la mía y aún así no estoy listo. Me preocupa.
Afortunadamente el caos inicial dio paso a algo que tiene que ver con mis estudios, ese conocimiento que me he esforzado en adquirir, ahora sí era mi momento, hablé de epidemiología y los cercos que deben llevarse a cabo, pude explicar cuál es el pronóstico de las zonas afectadas, con tristeza pues no es sencillo hacerle saber a las personas que aunque la crisis aguda ha terminado lo que sigue puede ser mucho peor, tuve oportunidad de ayudar en medida de las posibilidades. Dos días después pude sacar a mi familia de aquel caos que estaban viviendo, claro con ayuda de algunas personas que desde hace mucho tiempo no son solo amigos sino que representan una parte de esa familia que D-os me ha puesto en el camino.
Como dije casi al inicio: Hoy me siento vivo!
Los detalles de mi salida no son importantes, de hecho fue mucho más sencillo de lo que había esperado, aunque he de confesar que estando a lo lejos no dejo de pensar en las tres personas que se quedaron allá en donde ahora una despensa constituye el futuro próximo de una familia, un galón de agua es casi oro y las opciones siguen siendo pocas, muy pocas. Diario rezo por ellos, por su bienestar, porque pueda verlos pronto nuevamente, aunque sé que están a salvo, pero yo no estoy ahí con ellos.
Ya ahora en mi pijama, como es costumbre que les escriba, les puedo decir que está dentro de mis planes prepararme, no solo para el apocalipsis zombie, sino para lo que sigue y espero tener el tiempo suficiente para llegar a conocer ese fin último para el que fuimos concebidos desde el inicio de la historia. Solo espero poder tener el tiempo...
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