Hace una semana estuve en esa situación. Hoy me siento vivo!
Recuerdo vagamente como el agua caía a cántaros tal cual si el cielo estuviera enojado y quisiera hacernos recorda un pasaje bíblico, no encuentro otra comparación y tal vez he visto llover más pero no con tanta furia y de manera tan despreocupada de lo que pudiese ocurrir con los que estamos aquí abajo. El agua subía de a pocos sobre el suelo, de a muchos sería una mejor descripción, en unas horas el suelo se volvió un río. Los autos, parados aguardando su desgracia, dejaron el paso a los transportes acuáticos por donde se supone que deben correr las ruedas y no los motores de hélice. La alberca se generalizó por todo el lugar y ni las puertas ni las paredes pudieron contener el fuerza con la que entraba en los recintos que hemos construido para protegernos exactamente de ella. No había un solo lugar a donde correr, nadar? Bueno esa era otra opción si el riesgo era tomado porque bien dicen que "la lluvia su puede llevar todo" y dentro de ese todo estamos las personas. Fueron al menos dos días de intensa lluvia y a pesar de ello el agua escaseaba, el hambre iba llegando, el temor aumentaba y las prioridades cambiaban con tal rapidez que de un momento a otro a quienes les importaban los bienes materiales ahora solo pensaban en resguardo y quienes protegían sus pertenencias ahora protegían sus vidas.
No sé muy bien qué fue lo que hicimos esos dos días aunque tengo una imagen mental de mi hermano jugando al héroe entre las olas de las lanchas intentando ayudar lo más que podía, una foto panorámica de la destrucción que aumentaba, a mi pareja con la ropa mojada y la preocupación de ver mi cara desencajada, a mi madre y cuñada sacando fuerzas de donde solo las madres saben que las tienen y a mis niñas pasando el tiempo creyendo aquello de que todo iba a terminar pronto. Yo? Supongo que al menos esos dos primeros días fui como un animal enjaulado, estoy tan acostumbrado a mantener el control de lo que sucede a mi alrededor, a planear todo de manera tan puntual y a organizar mis acciones de forma tan específica que al verme acorralado sin otra opción que esperar lo único en lo que podía pensar es en que tan mal preparado estoy para un apocalipsis zombie, así como lo leen con todas las letras que le dan forma a esa frase tan estúpida y tan cierta a la vez.
Descubrí, en un largo ejercicio de introspección, que no estoy listo para dejar este mundo, que me preocupo más de lo que podría imaginarme en el bienestar de mi familia y que estoy tan arraigado a este mundo material que, si tal hubiera sido el caso extremo, de haber dejado de existir mi alma no podría trascender como se supone que debería. No estoy preparado en lo más mínimo para dar el paso siguiente a lo que conozco como vida, sé algo de teología, he estudiado los principios de varias religiones, participé a fondo en la mía y aún así no estoy listo. Me preocupa.
Afortunadamente el caos inicial dio paso a algo que tiene que ver con mis estudios, ese conocimiento que me he esforzado en adquirir, ahora sí era mi momento, hablé de epidemiología y los cercos que deben llevarse a cabo, pude explicar cuál es el pronóstico de las zonas afectadas, con tristeza pues no es sencillo hacerle saber a las personas que aunque la crisis aguda ha terminado lo que sigue puede ser mucho peor, tuve oportunidad de ayudar en medida de las posibilidades. Dos días después pude sacar a mi familia de aquel caos que estaban viviendo, claro con ayuda de algunas personas que desde hace mucho tiempo no son solo amigos sino que representan una parte de esa familia que D-os me ha puesto en el camino.
Como dije casi al inicio: Hoy me siento vivo!
Los detalles de mi salida no son importantes, de hecho fue mucho más sencillo de lo que había esperado, aunque he de confesar que estando a lo lejos no dejo de pensar en las tres personas que se quedaron allá en donde ahora una despensa constituye el futuro próximo de una familia, un galón de agua es casi oro y las opciones siguen siendo pocas, muy pocas. Diario rezo por ellos, por su bienestar, porque pueda verlos pronto nuevamente, aunque sé que están a salvo, pero yo no estoy ahí con ellos.
Ya ahora en mi pijama, como es costumbre que les escriba, les puedo decir que está dentro de mis planes prepararme, no solo para el apocalipsis zombie, sino para lo que sigue y espero tener el tiempo suficiente para llegar a conocer ese fin último para el que fuimos concebidos desde el inicio de la historia. Solo espero poder tener el tiempo...
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